Ciencia, innovación, emprendimiento y desarrollo sostenible. Conceptos aparentemente muy diferentes entre sí y que, sin duda, se encuentran estrechamente relacionados. Hoy en día se hace impensable hablar de desarrollo sostenible sin hacerlo también sobre innovación; y es que solo a través de ella seremos capaces de avanzar y vislumbrar un futuro con el perfecto equilibrio entre desarrollo económico, desarrollo social y protección del medioambiente.

Es más, ya en marzo de este año, la Comisión Europea hizo público su nuevo Plan de acción para la economía circular, donde se propone el “impulso de la transición hacia una economía circular mediante la investigación, la innovación y la digitalización”. Este plan, a su vez, se convierte en uno de los principales elementos del Pacto Verde Europeo, el programa en favor del crecimiento sostenible desarrollado con la vista puesta en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible definidos por Naciones Unidas.

Planeta no hay más que uno y, por suerte, son cada vez más las voces que se alzan en su defensa. La comunidad científica, donde el carácter emprendedor se encuentra intrínseco a su propia actividad, lleva años trabajando, entre otras áreas, en el cuidado de nuestros entornos. Y hoy más que nunca, cuando acabamos de cumplir cinco años desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara los 17 Objetivos que conforman la Agenda 2030, hablar de emprendimiento e innovación para impulsar el cuidado del medioambiente se convierte en un tema capital.

Innovamos para que la transición hacia una economía circular siga en marcha. Emprendemos para impulsar nuevos modelos de desarrollo que hace años eran inimaginables. Investigamos para activar medidas recogidas por la CE en el Plan de acción para la economía circular. Medidas que, entre otras, exigen poner en el mercado productos que duren más tiempo, que sean más fácilmente reutilizables, reparables y reciclables, y que, a su vez, incorporen material reciclado.

Algo que en TheCircularLab, el centro de innovación abierta de Ecoembes en materia de economía circular, llevamos años haciendo. Un centro en el que investigadores, emprendedores y startups desarrollan su trabajo al servicio del medioambiente y el reciclaje de envases, analizando y optimizando todas las fases de vida del envase -desde la extracción de la materia prima y su producción hasta su reintroducción en el ciclo de consumo-. Todo ello, precisamente, para conseguir envases más sostenibles y que velen por el cuidado y el respeto del entorno, porque como bien decía antes: planeta no hay más que uno.

De este modo, seguir repensando nuestros modelos de consumo y producción se convierte en un requisito imprescindible para llegar a cumplir con los objetivos medioambientales marcados desde la CE y Naciones Unidas. Y es precisamente en ese ámbito, donde el diseño sostenible (o ecodiseño), la concienciación ciudadana y la gestión de nuestros residuos juegan un papel fundamental. Todo ello, unido a la innovación, es lo que nos permitirá conseguir el billete de ida hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que nos marcan las instituciones europeas.

Como decía la gran Margarita Salas, ejemplo e icono de muchas mujeres que elegimos este camino, “la vocación científica no nace, se hace”. Y no podría estar más de acuerdo. A veces pudiera parecer que la vida nos viene dada, determinada por ciertos factores externos como el entorno familiar o la educación que recibimos, pero lo cierto es que, como individuos, por suerte, tenemos la capacidad de elegir, de tomar decisiones. Unas decisiones que sin duda van a marcar cada paso que demos en el camino. Yo, como muchos ciudadanos, elijo apostar por la innovación, la investigación y el emprendimiento como vía para contribuir a proteger y cuidar nuestro hogar, el planeta Tierra.

Ana Rivas

Coordinadora del departamento de innovación de Ecoembes