Es un flagelo que produce el mismo número de víctimas que una guerra: se supone que las afectadas son al menos 130 millones de mujeres en todo el mundo. Pero no resulta tan evidente, porque no se trata de una guerra y no deja cadáveres en un campo de batalla. En este caso, las víctimas, que son mujeres, llevan ocultas sus heridas, aplastadas por las terribles costumbres de la sociedad que les rodea. Estamos hablando de la mutilación genital femenina, un acto ilegal y violento, un fenómeno muy difundido que en el mundo afecta a 44 millones de niñas menores de 14 años.

KalungaEn África, la FGM (en inglés Female Genital Mutilation) forma parte de la tradición de muchos países, como un rito que da paso a la edad adulta.

La esperanza ante esta atrocidad es que parece que algo está cambiando.

Por ejemplo, en Kenia. El pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, AMREF, la organización sin ánimo de lucro presente en varios países que lucha para abolir esta práctica, lanzó el vídeo ‘Hombres que respetan a las mujeres’ con el fin de reiterar un mensaje: para la igualdad de género y el respeto de los derechos humanos debemos luchar juntos.

El vídeo muestra, entre otros, el testimonio de Ole Lei Kalunga, jefe de una tribu Masai de 750 miembros, que se ha convertido en embajador de la lucha contra la mutilación genital femenina.

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Foto de AMREF

Ole Lei Kalunga es muy joven y ha decidido ir en contra de los hábitos históricos de su tierra y defender a las mujeres. “Yo trabajo para aconsejar, educar y formar a los miembros de la tribu en la ética Masai”, dice Kalunga en el vídeos; “En el pasado no se daba valor a la educación. Ahora evaluamos las cosas positivas y las negativas: un ejemplo positivo es el respeto a los ancianos, mientras que entre los ejemplos negativos está la mutilación genital femenina. Hace mucho tiempo era un rito culturalmente importante para las mujeres Masai, pero hoy en día la comunidad está viendo los efectos negativos de esta práctica y está luchando contra ella”.

Kalunga es un guerrero, pero ha entendido y, sabe que la educación y la cultura son armas poderosas para poder progresar. Ha tenido el valor de caminar contra corriente. Él sabe que ser líder a menudo significa también ser capaz de reconocer que lo que se considera universalmente normal, es erróneo.

Y como Kalunga, otros guerreros del pueblo Masai han abrazado la causa para luchar contra un ritual sin ética y muy  negativo para las mujeres de sus comunidades.

En esta línea de sensibilización y de educación se mueve AMREF. Hoy en Kenia, gracias a esta ONG, más de 10.500 niñas se han salvado de la FGM a través de actividades de promoción de ritos de paso alternativos y la protección de los derechos de las niñas dentro de la comunidad. También  está proporcionando cursos de formación en temas de salud para convencer a las comunidades de cambiar sus propias tradiciones.

Toca lo más profundo del corazón la historia de Kalunga y de otros como él, porque son hombres que deciden “estar con las mujeres”, dispuestos a soportar las mismas miradas desconcertadas y venenosas, (las mujeres que rechazan la mutilación muy a menudo se quedan totalmente aisladas), pero empuñando las armas del conocimiento, de la dignidad y de la educación, las más poderosas que poseen para esta particular lucha: cambiar la Historia.

Anna Conte

Directora de Mujeremprendedora

@anna_conte