Manolo es el pintor que está trabajando en mi piso desde hace tres días. Paredes y techos necesitaban un “repaso”. No se distrae un instante, tranquilo y rápido a la vez, Manolo prepara cuidadosamente cada rincón para evitar manchas de pintura que después habría que quitar… Me encanta verle trabajar mientras le preparo las habitaciones o vuelvo a poner los muebles en su sitio. Al final del tercer día, llegamos a un último detalle: colgados del balcón del salón tengo tres maceteros de al menos un metro de largo cada uno que también necesitarían una mano de blanco. Dos los quitamos sin problema y los subimos a la azotea para limpiarlos y pintarlos. El tercero es un poco más complicado: lo tenemos en común con los vecinos (que de todas maneras no están allí en estos días y no puedo preguntarles si Anna-Conte (1)están contentos de que se los pinte…) y, además, está lleno de tierra y es muy incómodo sacarlo de allí. Así que decido: “Manolo, no te preocupes, lo dejamos así, si logras darles algunas pinceladas desde aquí, sin moverlos, está bien, si no, no importa”. Pasan cinco minutos y desde la cocina escucho un ruido de algo que se está moviendo… Voy al salón y veo que Manolo ha sacado con algunas ‘maniobras’ el macetero y ya lo está subiendo a la azotea. “No puedo soportar -me dice- que desde la calle, mirando tu balcón, alguien pueda preguntar: ‘¿Quién ha sido el pintor que no ha sabido hacer su trabajo hasta al fondo?’. “¡Gracias, Manolo, quería ahorrarte una dificultad, pero es así como me gusta también hacer las cosas a mí! Es un verdadero placer trabajar contigo”, le contesto.

Unos días después, por casualidad, encuentro en Internet el “Manifiesto del trabajo bien hecho”. Escuchad algunos puntos:

1) Cualquier trabajo, si se hace bien, tiene sentido.

3) Lo que está casi bien, no está bien.

8) El trabajo bien hecho no puede estar desvinculado de los derechos, de la dignidad, de la satisfacción, del respeto y del reconocimiento social de los que trabajan, independientemente del trabajo que hagan.

10) El trabajo bien hecho no puede estar desvinculado del deber de quien trabaja, de su comprometerse en ofrecer en cada momento todo lo que sabe y lo que sabe hacer para hacer bien su trabajo, como persona y como parte de las estructuras de las que forma parte, con espíritu de colaboración, independientemente del trabajo que haga

16) No importa qué haces, los años que tengas, no importa el color de tu piel o de qué sexo, lengua o religión eres. Lo que importa, cuando haces algo, es llevarlo a cabo como si fueras el número uno en el mundo. El número uno, no el número dos o el tres. Luego puede que seas el penúltimo, no importa, la próxima vez te irá mejor, pero esto tiene que ver con el resultado, no con la manera de ponerse con respecto a lo que haces, allí solo tienes una posibilidad, intentar ser el mejor.

Son 52 puntos el manifiesto por completo. Pero, ¿qué digo? ¿puntos? NO. Son consejos, sugerencias, píldoras de vida, de ética, de educación… Me siento en perfecta sintonía con cada palabra porque es así como entiendo ‘el Trabajo’ e intento (aunque no siempre me sale bien) que mi trabajo diario pueda ser una aplicación práctica de al menos uno de estos principios.

Uno en particular, esto sí puedo decirlo, siempre ha estado presente en mi vida: “Ahí donde está tu mano también tiene que estar tu mente, y donde está tu mente también tiene que estar tu corazón”. Siempre, en cualquier tipo de trabajo que he tenido que desarrollar en mi vida, el ‘motor’ ha sido la pasión por lo que estaba haciendo, también cuando no me gustaba, también cuando no me sentía a la altura, también cuando no me procuraba satisfacción personal.

Hoy, justamente, se pone el acento en la necesidad de que los empresarios ofrezcan “empleo digno”; creo que es igual de importante y necesario que los trabajadores respondan con un trabajo digno, un trabajo bien hecho, porque “Trabajo bien hecho es la calidad que mueve un país… Trabajo bien hecho es inteligencia colectiva, belleza que se transforma en riqueza, cultura que se transforma en desarrollo, historia que se convierte en futuro…”.

“Es tiempo -defiende el manifiesto- para hombres y mujeres que cada mañana se levantan de la cama, ponen los pies en el suelo y hacen bien lo que tienen que hacer, sin más, porque es así como se hace… Es tiempo para personas normales. Que nadie se sienta excluido”.
El ‘Manifiesto del trabajo bien hecho’ ha sido redactado por un sociólogo italiano, Vincenzo Moretti; ya ha sido traducido en inglés y en español. Si queréis firmarlo, podéis pinchar aquí.