Durante las últimas décadas, la tasa de actividad de las mujeres ha crecido de manera ininterrumpida. Su contribución al mercado laboral es indiscutible, ya que suponen el 46,5% de la población activa de nuestro país, según el INE[1]. Muchas desempeñan funciones que requieren una gran cualificación y cada vez es más frecuente encontrar mujeres ocupando puestos de alta dirección. Sin embargo, la brecha salarial sigue perjudicándoles: su salario medio sigue siendo un 20% inferior al de los hombres[2]. La pregunta a plantearse ante este escenario es: ¿por qué?

Esta situación deriva de causas como la mayor temporalidad, así como de carreras laborales más cortas. Pero, ¿qué causas provocan que las mujeres tengan mayor número de contratos temporales y trabajen menos años que los hombres? ¿Puede este desequilibrio deberse, entre otros factores, a la maternidad? Según los resultados de la nueva Encuesta sobre Jubilación y Hábitos de Ahorro de los españoles, que elaboramos cada año desde el Instituto Santalucía, ocho de cada diez españoles creen que, efectivamente, tener hijos penaliza la carrera laboral de las mujeres.

Esta tajante afirmación no resulta tan sorprendente si tenemos en cuenta que, a la hora de acogerse a una reducción de jornada para cuidar de los hijos, siguen siendo ellas las que acaban tomando esta decisión: más del 90% de las excedencias para cuidar hijos se las cogen las mujeres y el 71% de las reducciones de jornada laboral se las plantean coger las mujeres. A pesar de los avances que se han experimentado a nivel de igualdad, la conciliación familiar y la corresponsabilidad en el cuidado de los hijos siguen siendo asignaturas pendientes en las que hay que trabajar.

Todo ello acaba repercutiendo en la cuantía final que reciben en el momento de su jubilación: la pensión media de jubilación que reciben las mujeres es un 35% inferior[3] a la de los hombres. Por esta razón, desde 2016 se aplica un complemento en las pensiones de las mujeres que han sido madres de dos o más hijos y que reconoce la aportación demográfica a la Seguridad Social de estas. Por otra parte, es cierto que la participación en el mercado de trabajo de las mujeres poco o nada tiene que ver con la de hace 40 años, y que han hecho un extraordinario recorrido en nuestro país. Sin embargo, todavía quedan importantes márgenes para alcanzar una más completa equiparación.

Encontrar soluciones que estrechen estas desigualdades no es fácil, ya que involucra a todos los actores de nuestra sociedad. Desde la Administración es necesario que se planteen medidas que protejan a la mujer en el ámbito laboral, no solo en materia de equiparación salarial, sino también a la hora de su reincorporación tras el permiso de maternidad. Por su parte, las empresas deben concienciarse de la importancia de implementar políticas de conciliación, tales como el teletrabajo, ya que siguen siendo pocas compañías las que cuentan con este tipo de medidas -de hecho, solo una de cada diez mujeres piensa que su empresa les permite conciliar-. Y, finalmente, también es cuestión de las propias estructuras familiares, en las que ambos progenitores deben repartirse de forma equitativa las tareas de cuidado para que, en ningún caso, tener hijos suponga un peaje en su carrera laboral.

José Manuel Jiménez Rodríguez

Director del Instituto Santalucía

[1] EPA cuarto trimestre 2018: https://www.ine.es/daco/daco42/daco4211/epa0418.pdf

[2] Decil de salarios del empleo principal. EPA 2017 – Instituto Nacional de Estadística (INE)

[3] Mientras la pensión de los hombres alcanza los 1.280,42 euros en el momento de jubilarse, la de las mujeres se sitúa en 831,14 euros, casi 450 euros menos. (Datos extraídos de eSTADISS – Clase de pensión por sexo).