Mi padre, ya jubilado, caminaba todos los días varios kilómetros por la mañana. Le gustaba hacerlo en medio de árboles y plantas y en cualquier época del año, incluso cuando llovía. Huía del gris y del ruido. Siempre me dijo que la naturaleza le cambiaba el estado de ánimo y le procuraba armonía. Lo entendí mejor cuando un profesor, del que conservo en la memoria momentos entrañables y sabios consejos, me dijo un día que caminar era una forma de vida apta para todos los públicos y para todas las edades. Don Alfredo me decía: “caminar produce un estado de bienestar y aleja lo malo, no hay preocupación que resista a una buena caminata”.

Creo que nadie se ha salvado de sentir el deseo de salir a dar un paseo y tomar un soplo de aire fresco antes de tomar una OLYMPUS DIGITAL CAMERAdecisión importante o atravesando un momento de agobio.

Paso a paso también se rebaja el nivel de colesterol, paso a paso la mente se vacía, la respiración recobra su ritmo y los tejidos se oxigenan. Paso a paso los pensamientos también se oxigenan. Cambia la visión de las cosas porque, como dicen los expertos, cambia el paisaje que se mira y la organización de los circuitos neuronales.

Caminar siempre ha sido sinónimo de llegar a antiguos y nuevos lugares, encontrar personas y conseguir objetivos. Caminar es descubrir; siempre visualizamos algún detalle nuevo cuando atravesamos la ciudad para llegar al trabajo, aunque recorramos el mismo itinerario todos los días.

Caminar nos permite conocer mejor a los seres que hacen un trecho de camino con nosotros. Caminar nos ayuda a conocer el escenario exterior y, al mismo tiempo, nuestro escenario interior.

Según la Organización Mundial de la Salud, bastaría simplemente caminar 30 minutos dos o tres veces a la semana, dependiendo del grupo de edad, para controlar la obesidad y los posibles problemas cardiovasculares, incluso para combatir la depresión y construir un envejecimiento saludable. Los médicos suelen aconsejar pasear al aire libre y practicar ejercicio físico regularmente. Dicen que es un medicamento “barato” que puede mejorar la calidad de vida.

Caminar, por tanto, puede enseñarnos a vivir, a conocer nuestros límites y nuestras posibilidades, puede proporcionarnos la capacidad de recuperación en otras carreras de la vida y fortalecernos. Caminar conecta mente, cuerpo y corazón.

¿Has caminado hoy?

Manuel Bellido

@mbellido

Director del Grupo Informaria