La española María Dolores de Cospedal, la italiana Roberta Pinotti, la alemana Ursula von der Leyen, la eslovena Andreja Katic, la noruega Ine Marie Eriksen, la holandesa Jeanine Hennis-Plasschaert, la albanesa Mimi Kodheli y la estadounidense Rose Gottemoeller han sido las protagonistas a mediados de este mes de una fotografía que ha sido objeto de numerosas miradas. A ellas se une la francesa Sylvie Goulard, designada hace apenas diez días. Todas ellas son las encargadas de llevar en sus respectivos países el ministerio de defensa, una cartera ligada históricamente al género masculino.

Algunas de ellas han hecho historia convirtiéndose en la primera mujer en acceder al cargo, como es el caso de la ministra albanesa. No olvidemos las reacciones originadas tras el nombramiento de Carme Chacón por José Luis Rodríguez Zapatero en 2008, y como ese “Capitán, mande firmes” ha marcado la historia reciente de España. Ese fue el primer gabinete en España en el que había más mujeres que hombres.

En este punto, me gustaría resaltar como, a lo largo de los últimos tiempos, han tenido lugar numerosos debates con el fin de discutir el papel crucial del liderazgo de las mujeres en el mantenimiento de la paz y la prevención de conflictos. Así, la resolución 1325 del Consejo de Naciones Unidas, que cumplirá el próximo mes de octubre su decimoséptimo aniversario, exige a las partes en conflicto respetar los derechos de las mujeres y apoyar su participación en las negociaciones de paz y en la reconstrucción post conflicto.

En esta línea, ONU Mujeres ha emitido diversos comunicados en los que apunta que “la experiencia de las misiones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas muestra que el personal uniformado femenino es esencial para ganar la confianza de las comunidades y ajustar las operaciones de paz para responder mejor a sus necesidades de protección”. Concretamente, la organización indicó que, en 2014, el 88% de los procesos de paz en los que había participado la ONU habían contado con la participación femenina, mientras que tan sólo tres años antes esta cifra se situaba en el 50%. Esta tendencia ascendente de la participación femenina en los acuerdos de paz se ha visto reflejada, por ejemplo, en los Diálogos de Paz entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP); en la mesa de negociaciones organizada para coordinar el proceso de transición y consolidación de la paz en Mali tras el golpe de estado; en la consecución de la paz y la seguridad en Afganistán; en la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH); o en las negociaciones de paz entre el Gobierno de Filipinas y el Frente Moro de Liberación Islámica. También en Burundi, las mujeres han constituido una red nacional de mediadoras para evitar los conflictos locales.

En definitiva, ha quedado patente que las negociaciones de paz que cuentan con una mayor influencia femenina tienen más probabilidad de culminar con un acuerdo duradero y estable. Por ello, gobiernos, organismos y comunidades internacionales deberían seguir fomentando la presencia femenina en este tipo de situaciones, y qué mejor para ello, que poner a más mujeres al frente de la cartera de defensa de los países. La cifra todavía es muy reducida, tan sólo ocho de los 28 ministros de la Alianza de la OTAN son mujeres, pero ya se ha registrado una ligera tendencia positiva que va en ascenso. ¡Hay que ser optimistas!

María Cano Rico