Cumplir tus objetivos tiene que ser divertido. Es muy común que la gente acuda a mí buscando ayuda para definir sus objetivos. Hay muchas personas que saben que algo no está bien, que necesitan un cambio y no saben decir qué es eso que les falta para sentirse bien. En esos casos, el proceso de coaching se encamina a brindar claridad para que sean capaces de identificar lo que en verdad quieren conseguir, convertirlo en un objetivo SMART (específico, medible, accesible, relevante y fijando un plazo realista para conseguirlo). Lo siguiente es trazar un plan de acción óptimo para conocer cuáles son los pasos exactos que necesitan dar, de modo que encuentren motivación suficiente para emprender las acciones necesarias.

También están quienes saben exactamente qué quieren y lo que necesitan hacer, pero, o bien por alguna razón que ellos mismos no comprenden no están haciendo lo que saben que deben, o, por el contrario, llevan meses o años luchando y trabajando incansablemente para lograrlo. En ambos casos con el mismo resultado: cada vez que parece que van a conseguir ¡por fin! lo que quieren, algo ocurre para que eso no suceda. Como consecuencia, terminan exhaustos, sin energía o motivación suficiente, acumulando frustración y, en algunos casos, por falta de apoyo suficiente, abandonando sus sueños creyendo -falsamente- que no eran para ellos.

En estos casos, lo primero que hago es ayudarles a ver si lo que ellos creen que es un objetivo, realmente lo es. Sorprende ver en cuántos casos no se trata de objetivos, sino más bien de obligaciones. Hay que saber distinguir entre ambas. Una obligación no es un objetivo y un objetivo no es una obligación. Un objetivo no es algo que tenemos que hacer, es algo que queremos hacer. Cumplirlo se siente más como un juego -que, a veces, se pone difícil y, en ocasiones, puede ser agotador-, que como deber. Aquí vale la pena pensar en la palabra “objetivo” en inglés: goal, como las anotaciones en los partidos de futbol. El camino hacia nuestra meta debe sentirse como jugar un partido con nosotros mismos, ser estimulante, retador y divertido.

Lo anterior no implica que los objetivos sean cosas que únicamente hacemos por placer o no sean importantes, todo lo contrario, cuanto más relevante para nosotros, mayor es la probabilidad de lograrlo; al ser mayor la ilusión seguramente pondremos más empeño.

Si hay un objetivo que no estás cumpliendo te aconsejo preguntarte si se trata de algo que en verdad deseas conseguir, si te emociona. Si llevas tiempo intentando sin ver resultados, analiza si está bien planteado: un objetivo muy por encima de tus posibilidades reales acabará quemándote y la frustración puede hacerte creer que no tiene sentido perseguir tus sueños, cuando quizá solo hace falta entrenar mejor. Nuestros objetivos deben ser lo suficientemente grandes para ilusionarnos y hacernos crecer, sin dejar de ser realistas y alcanzables. Recuerda, el partido es contigo, pero muchas veces lo que hace falta para ganar es contar con un buen equipo. Si quieres asegurarte de conseguir tus objetivos, hazlo divertido, rodéate de personas que te motiven y, si puedes, sigue el ejemplo de los campeones: apóyate en un buen coach.

Mariana Villanueva

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