En África, si educas a un niño, educas a un hombre, si educas a una niña, educas a una nación“, dice un proverbio africano

En el número de junio de Mujeremprendedora, hablaba del papel de la Mujer en la historia y en la tradición africana, una visión que ofrecen africanistas, sociólogos y analistas políticos (obviamente sea hombres que mujeres), muy lejana de cualquier estereotipo que equivocadamente hemos preconfeccionado en Occidente.

Terminaba mi tribuna afirmando: “Pero hoy las cosas están cambiando gradualmente…” Y de eso quiero dar aquí algunas pistas.

El 25 de octubre de 2018, la Sra. Sahle-Work Zewde asumió la presidencia de Etiopía, la más alta representación del estado, lo que supone un logro significativo del compromiso del actual primer ministro Abiy Ahmed, al valorar a las mujeres de su país. El hecho de que Abiy haya formado su ejecutivo con una mitad de mujeres dice mucho. (Y la entrega del Premio Nobel de la Paz a Abiy Ahmed este año también es un reconocimiento de esta nueva mentalidad que se está abriendo camino). Zewde es un diplomático de larga trayectoria, y hasta el día antes de su nombramiento como presidente, ocupó el cargo de representante del Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, en la Unión Africana (UA).

Pero, no es el único ejemplo. Actualmente, el porcentaje de mujeres africanas en los órganos legislativos del África subsahariana es de alrededor del 24% y, a nivel continental, Ruanda tiene el mayor número de mujeres en el parlamento (63,8% de los escaños) y, gracias a la aplicación cada vez más generalizada del sistema de cuotas, en la mayoría de los países de África oriental y meridional, las mujeres representan más del 30% de los parlamentarios.

Desde siempre, las mujeres africanas se han acostumbrado a hacer frente al día a día y al desafío de la supervivencia, y en estos años han progresado considerablemente, no solo en la vida política, sino también económica y culturalmente, en todos los niveles. En los últimos años, ha aumentado también su visibilidad en la defensa de los derechos que, al mismo tiempo, les ha procurado la experiencia para apoyar el cambio.

Son justamente ellas las que, ante los abusos del poder, han defendido las prerrogativas pisoteadas por los sátrapas del momento, desde Liberia hasta Sierra Leona, desde la República Democrática del Congo hasta Somalia, desde Uganda hasta Sudán. Tal y como hicieron, durante la segunda guerra civil sudanesa (1983-2005), las mujeres de la Sudan’s Women’s Alliance, de la Sudan Women’s Association de Nairobi, de la New Sudan Women’s Federation y de la Sudan Women’s Voice for Peace, organizaciones femeninas que dieron su contribución proactiva al proceso de paz, ciertamente mostrando más interés que sus esposos en las condiciones miserables de la población civil sudanesa que se encontraba agotada por la violencia.

Pero también de otras cifras podemos deducir la fuerza de impacto de las mujeres africanas: ellas representan el 70% de la fuerza agrícola del continente y gestionan la venta de alimentos en un 80%.

Además, desde hace décadas, las mujeres son protagonistas de las microfinanzas, permitiendo el nacimiento de miles de pequeñas empresas. Con sagacidad llevan a cabo la formación en muchas áreas de la sociedad civil, como investigación, educación cívica y servicios sociales, a menudo luchando para incluir en las constituciones cláusulas de equidad contra todo tipo de discriminación.

¿Y qué decir de su contribución a la defensa de la salud, especialmente contra el VIH / SIDA y la malaria? Son ellas (muchas de los cuales son religiosas católicas) quienes a menudo realizan la formación en salud en las aldeas, comprometidas en primera línea contra las prácticas tradicionales de la infibulación y la mutilación genital.

Por todo eso, aunque sea inevitable que África continúe experimentando, quién sabe hasta cuándo, las dificultades causadas por la globalización, el futuro del continente está abierto a la esperanza. Justo como cantaba en los largos años de su exilio Miriam Makeba, testigo de la sed de libertad de los negros sudafricanos.

Creo que estas pocas pinceladas sean suficientes para confirmar que no hay nada más sabio y más cercano a la realidad del proverbio africano que dice: “En África, si educas a un niño, educas a un hombre, si educas a una niña, educas a una nación”.

Anna Conte

Directora de Mujeremprendedora