El domingo 26 de mayo se celebrarán las elecciones al Parlamento Europeo. En nuestro continente, cerca de 400 millones de ciudadanos votarán a quienes serán nuestros representantes en la Eurocámara (37 millones votarán por primera vez). Seguramente será un test decisivo para el futuro de la Unión en el que, por ahora, los súbditos de su “Su Graciosa Majestad” parecen estar excluidos. Eso significará que el Parlamento adelgazará pasando de 751 a 705 diputados, distribuidos según la población de los países, primero Alemania, después Francia, Italia y, en cuarto lugar, España. Los europeos son conscientes esta vez de que, al centro del debate, estarán no los problemas domésticos, sino la misma Unión, su futuro y qué influencia tendrá en cada uno de sus socios. Todo lo que está aconteciendo con el Brexit deja claro que para los que ya están, abandonar Europa no conviene. Lo que si está claro es que en el tablero de juego se enfrentarán visiones muy diversas. La de Macron, la de Annegret Kramp-Karrenbauer, heredera de Angela Merkel, y la de los soberanistas/euroescépticos, cuyos exponentes más representativos son el bloque de Visegrad, la alianza de los gobiernos nacionalistas de Polonia, Hungría, República Checa o Eslovaquia y los partidos italianos Liga y 5 Stelle que presiden el gobierno actual.

Lo cierto es que las mentes sensatas coinciden en que Europa necesita una reforma profunda, entre otras cosas porque las desigualdades fiscales y económicas siguen estando al orden del día y porque, además, estamos pagando todavía las consecuencias de la crisis económica de 2008-2011 ante la que Europa reaccionó con la “austerity” que ayudó a equilibrar los presupuestos nacionales, pero no frenó la sangría de paro en muchos países.

Por tanto, el nuevo escenario que se abre es incierto, los nacionalistas ganarán terreno, pero no tendrán mayoría, según el Financial Times, la mayor parte de los votos se irán al centro derecha y al Partido Popular Europeo e incluso es de prever una alianza entre populares y socialistas con el apoyo de los diputados de “En marche” de Macron. Lo mas seguro es que vuelva a ser el eje franco-alemán el que de a luz la solución final. Muchos problemas están encima de la mesa y los europeos empiezan a cansarse de que la respuesta no sea unitaria. Los miles de refugiados en las fronteras externas de la Unión no son números, son personas, y no se puede seguir mirando hacia otro lado mientras aumentan en manera exponencial las víctimas. Cabría preguntarse dónde quedan aquellos valores democráticos de solidaridad, dignidad y libertad sobre los que se ha construido la Unión Europea y que han hecho de este continente un lugar de paz durante tantos años. Cabe preguntarse por qué hemos olvidado nuestras raíces, por qué hemos sustentado la unidad de Europa en una moneda, qué estrategias se están poniendo en marcha para hacer frente al reto del cambio climático, al suministro de energía, al impacto de los cambios demográficos, a la seguridad ante el terrorismo. Yo soy europeísta y sigo teniendo fe en el significado de la Unión, creo que desde el respeto a la diversidad se puede construir una Europa Unida, pero es fundamental que sus cimientos estén construidos con humanismo y solidaridad. Europa somos nosotros, construyámosla.

Manuel Bellido

Director de Grupo Informaria