Hoja de ruta del mercado de selección en España

El panorama laboral se encuentra inmerso en lo que muchos categorizan como la IV Revolución Industrial, por todos los cambios que se están produciendo en las empresas -y en el conjunto de la sociedad- debido al impacto de la Inteligencia Artificial y otras tecnologías similares.

Es difícil estimar y anticiparse a las consecuencias que estos cambios tecnológicos traen consigo, pero lo que parece seguro es que los perfiles laborales actuales deberán reinventarse para lograr adaptarse a este nuevo entorno digital.

Podemos perfilar tendencias comunes en los trabajadores del futuro: profesionales muy tecnológicos, pero con un importante componente humano. Será fundamental que el trabajador del futuro sepa gestionar los nuevos modelos productivos que la tecnología trae de la mano a la vez que busca la mejor versión de sí mismo para aportar valor a la compañía.

Tanto es así que, como ya se apuntaba en el Informe Adecco sobre el Futuro del Empleo en España, cada vez más la tendencia será que en muchas ocasiones las empresas no buscarán cubrir puestos concretos sino que se dedicarán a contratar TALENTO, en mayúsculas, aunque no exista un puesto de trabajo concreto y específico para el candidato. Será ese candidato quien estará dispuesto a buscar o crear su propio puesto dentro de la empresa en la que desee trabajar. Así, dentro de un mundo esencialmente tecnológico e hiperconectado, la piedra angular del empleo seguirá siendo las personas.

Es, por ello, que el profesional del futuro deberá ser una persona muy familiarizada con la tecnología, el mundo digital y la conectividad, pero también con un modelo de comunicación constante con su entorno. Su capacidad para resolver conflictos en situaciones complicadas y de manera ágil será determinante para la consolidación de su figura profesional dentro de la empresa. Y, por encima de todo, su versatilidad y capacidad de adaptación al entorno, como respuesta a esos cambios vertiginosos que cada vez serán más frecuentes.

Las compañías se han visto obligadas a avanzar a pasos agigantados ante la llegada de las nuevas herramientas digitales. El factor tiempo ha sido clave en estos procesos ya que la velocidad a la que avanzan estos cambios es frenética. La transformación debe ser global, por ello todos los profesionales (independientemente de la categoría) deben subirse al tren del cambio y demostrar su compromiso individual.

En este sentido, el papel que adopten los altos cargos será fundamental dentro de esta transformación ya que servirá como guía y referencia para aquellos mandos inferiores. El directivo del mañana será un profesional que no debe ser percibido como un jefe sino como un líder, como un referente y compañero en el que se puede confiar. Debe generar confianza entre los empleados y animarlos a que exploren sus capacidades, que puedan expresar sus propias ideas sin miedo al fracaso y que asuman sus propios errores. Para ello, la clave estará en mantener el equilibrio entre ser exigente y dar apoyo para trasladar seguridad al equipo.

El futuro directivo deberá ir un paso por delante: desarrollar un pensamiento estratégico en una era de constante transformación, con capacidad de continuo aprendizaje para estar siempre actualizado y dedicado a sus trabajadores.

En conclusión, el futuro nos trae un panorama cambiante (más que nunca) pero que debe ser percibido como un futuro repleto de oportunidades para todos aquellos profesionales que sepan adaptarse a los cambios del mercado.

Alexandra Andrade

Directora de Spring Professional en España

Grupo Adecco