Algo tan sencillo y elemental como aspirar a tener un equilibrio entre la vida profesional y personal, se ha convertido en el gran desafío de las organizaciones. Parece que cuanto más tarde llegas a casa, más importante es tu trabajo. Un absurdo silogismo lastrado por una cultura basada en algo tan irrelevante como las horas que pasas en un lugar, independientemente de lo que hagas. La tecnología, implacable en su evolución, nos ofrece hoy miles de formas distintas de hacer las cosas. La oficina es lugar de encuentro y colaboración. Y este contrasentido, crea profesionales menos realizados, menos versátiles y, en definitiva, menos felices.

Pensar que tener una vida plena está reñido con la productividad y la eficiencia es errar el planteamiento de saque. La eficiencia difícilmente se basa en las horas que pasamos en el puesto de trabajo, trabajando o haciendo ver que trabajamos, sino en otros indicadores que permiten evaluar mejor nuestro trabajo. Marcar claros objetivos de lo que se espera de los profesionales, encontrar los indicadores adecuados para realizar su seguimiento, potenciar un mayor dialogo entre líderes y sus equipos, son elementos clave que nos sirven para incrementar la productividad sin encadenarnos a un espacio de trabajo y, por lo tanto, ofreciendo autonomía a los trabajadores para escoger no solo dónde realizan mejor su trabajo sino también cuándo. Para conseguir mayor flexibilidad, BICG ha implantado en algunas empresas lo que hemos denominado “ventanas de coincidencia” con un horario determinado (de 10.00 h. a 16.00 h., por ejemplo), permitiendo a los profesionales antes y después de esa horquilla organizarse cómo mejor les convenga. Ben Page, CEO de Ipsos Mori, lo ha implantado en su organización facilitando también los aspectos vinculados a la movilidad y su impacto en el medioambiente.

En los estudios que realizamos en BICG, implantar modelos de trabajo más flexible sigue siendo uno de los mayores desafíos. Dos elementos se contradicen: por un lado, cerca del 100% de los profesionales a los que preguntamos en nuestros análisis están convencidos de que trabajar de forma más flexible les aportaría mucho valor. Les permitiría elegir y cuidar respectivamente tanto su parte de trabajo como su parte personal. Sin embargo, entre los líderes aún existe una desconfianza a la hora de implantar estas medidas por una supuesta pérdida de control.

Los nuevos modelos de trabajo, basados en una mayor colaboración, agilidad, dinamismo y creatividad no entienden de horas como una forma de medir el rendimiento, entienden sin embargo de objetivos, de métricas, de OKR, etc. Dentro de estos planteamientos innovadores, Perpetual Guardian, una compañía neozelandesa, está testando la posibilidad de regular la semana laboral de cinco a cuatro días, con resultados muy positivos en torno a productividad, compromiso y lealtad (hasta un 40% de incremento), así cómo haber disminuido un 15% los niveles de estrés y haber conseguido mejorar la carga de trabajo. Tener un modelo que desvincule definitivamente el trabajo a un lugar y que lo conecte directamente a la actividad que desempeña el trabajador, facilita ese equilibrio entre trabajo y vida personal.

Más allá de las organizaciones, el tema de la conciliación debe trascender a la sociedad civil y a las instituciones públicas. Horarios más racionales, como ocurre en los países escandinavos, permiten no solo ser más productivos sino dedicar tiempo a otras cosas que enriquecen al individuo, pero también a una sociedad con hijos más cuidados, personas mayores menos apartadas y ciudadanos más activos. Naciones Unidas alerta de que esta falta de conciliación afecta también a los más pequeños, que empiezan a echar de menos la figura de sus padres en su educación. De ambos padres, el concepto inglés lo refleja muy bien: parenting. No debemos equiparar mujeres a conciliación, debe ser una obligación tanto para hombres como para mujeres.

La conciliación pasa por un cambio de paradigma en la cultura de la organización. Parámetros tradicionales dejan de tener valor, premiándose equipos pequeños de alto rendimiento altamente meritocráticos que pueden trabajar más allá de las fronteras del tiempo y el espacio, escogiendo con madurez y responsabilidad dónde y cuándo realizar mejor el trabajo. Entonces, y solo entonces, podremos ser eficientes y productivos, podremos contribuir a una sociedad mejor, apostaremos claramente por la sostenibilidad, premiaremos el trabajo bien hecho y conseguiremos ciudadanos mejores.

Alejandra Martínez

Managing Director de BICG