“Querían expulsarme, hoy doy trabajo a 147 italianos”

Marie Thérèse Mukamitsindo se fue sin maletas, sin ahorros, con tan solo sus niños pequeños en los brazos. Huyó de Ruanda cuando el país se sumió en el caos por la guerra y el genocidio; después de dos años de viajar a varios países africanos, en 1996 logró obtener documentos falsos, subirse a un avión y llegar a Italia, donde pensó pedir asilo político.

Pero las autoridades ni siquiera verificaron su petición y le dieron una carta de expulsión; durante dos años, Marie Thérèse sigue siendo formalmente irregular, “invisible” y sin documentos; con sus hijos termina en un improvisado centro de recepción cerca de Fregene (en el litoral de Roma): “Dormíamos en un contenedor muy frío, las duchas estaban a diez minutos a pie y el agua siempre estaba congelada”, cuenta Marie Thérèse en una entrevista. Unos meses después, también su cuarto hijo llegó a Italia.

Para mantenerse y mantener a sus cuatro hijos, Marie Thérèse se mudó a Sezze, otra ciudad cerca de Marie-Terese-Mukamitsindo-ai-MoneyGram-AwardsRoma donde trabajaba (en negro) como cuidadora, mientras buscaba todas las formas de presentar recurso a su expulsión, con la ayuda también de Cáritas. Finalmente, las autoridades (de policía) reconocen el error y reinician la solicitud de asilo. Es en 1997. El año siguiente, cuando Italia acepta la solicitud de protección internacional.

Más tarde, María Thérèse logra que le reconozcan su título universitario de trabajadora social, mientras que en su mente está madurando una idea: un proyecto de acogida y protección humanitaria, dirigido a mujeres con niños, que comienza en 2001, cuando pide al alcalde de Sezze poder participar en la convocatoria del programa nacional de asilo.

En 2004, gracias al apoyo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Comunidad Europea, funda Karibu (en swahili significa “Bienvenido”), una cooperativa internacional, con sede en la ciudad de Latina (en la región de Roma), que ofrece asilo y oportunidades de capacitación para migrantes, brindándoles la oportunidad de ingresar al mundo del trabajo. En 2005, Marie Thérèse obtiene la ciudadanía italiana y en los años siguientes la obtendrán también sus hijos.

Hoy, a través de Karibu, que en 2017 registró una facturación de más de 12 millones de euros, Marie Thérèse emplea a 159 personas, incluidos trabajadores sociales, psicólogos, mediadores culturales, entre ellos 147 italianos, y acoge en sus centros 800 solicitantes de asilo, con laboratorios de idiomas, clases de cocina y costura, “porque la asistencia sin educación es inútil”, dice.

El mes pasado, esta mujer que nunca se da por vencida, ganó el Premio MoneyGram en calidad de “empresaria inmigrante del año”; un premio creado para hacer visible la contribución que los empresarios extranjeros aportan a la economía italiana: un ingreso anual total de 37 mil millones de euros, de los cuales alrededor de cinco mil millones se envían a los países de origen y el resto permanece en Italia, en forma de consumo e inversiones.

La adjudicación del premio tuvo lugar justo cuando la inmigración está ocupando y dividiendo la política y la opinión pública en muchos países europeos.

Me pregunto cuántas y cuántos “Marie Thérèse” se encuentran en los barcos que intentan cruzar el Mediterráneo o, peor aún, yacen para siempre en el silencio del fondo del mar.

Anna Conte

Directora de Mujeremprendedora