El informe GEM (Global Entrepreneurship Monitor) sobre Emprendimiento Femenino 2016/17 revela un incremento de un 10% en dos años de la actividad emprendedora (TEA) de la mujer en el mundo y acorta la brecha de género en cinco puntos porcentuales.

Los resultados para España son semejantes en la reducción de la brecha, del 17% en 2014 al 11,4% en 2016, pero manteniendo la actividad emprendedora (4,6% a 4,7%). Es decir, España mantiene el nivel de mujeres emprendedoras, aunque representando un porcentaje mayor en nuestro pobre flujo emprendedor, inferior al 6%, cuando, como país basado en la innovación, debería estar en el 10%.

Es la falta de cultura emprendedora e innovadora del país lo que explica este hecho en su conjunto. Sin ella, los agentes sociales no exigen educar a las personas como emprendedores, potenciadores de innovación, competitividad y crecimiento. Consecuentemente, nuestra inversión en educación y en I+D+i son de las más bajas de la OCDE, muy por debajo de lo que necesitaría una adecuada estimulación del nuevo modelo emprenFederico-Gutiérrez-Solana Salcedodedor e innovador requerido.

A pesar de los duros efectos de la crisis, mantenemos nuestro precario modelo económico-social invirtiendo incluso menos en él, olvidándonos de lo más valioso: las personas, su educación y su concienciación para aportar capacidades a un esfuerzo colectivo. Necesitamos estimular a todas las personas para multiplicar el valor de su conocimiento con sus capacidades de emprender nuevas iniciativas.

Las mujeres requieren un esfuerzo colectivo incremental pues, por nuestra herencia cultural, se han ido adormeciendo sus grandes capacidades, que ahora necesitamos estimular proactivamente. Siendo la TEA femenina de un 4,7%, por debajo de la media europea de un 6,3%. Las españolas ofrecen una tasa de intención a emprender inferior al 50% de la media europea (5,7% vs 12,4%). Estamos mal comparativamente y tendemos a peor.

Necesitamos activar a nuestras mujeres, cuya percepción de oportunidades para emprender es baja (23% frente al 39% de los países innovadores), máxime porque en un 70% emprenden por oportunidad, y de las que solo un 44% se creen con capacidad para emprender. En este sentido, Ingrid Vanderveldt, líder del movimiento ‘Empowering a Billion Women by 2020’, sostiene que, contrariamente a los hombres, “las mujeres quieren estar totalmente preparadas y conocer al 100% aquello de lo que hablan”, lo que condiciona la percepción de sus capacidades.

Así, se necesitan ecosistemas donde las mujeres compartan experiencias con otras emprendedoras y pierdan el miedo a liderar nuevas empresas. Soluciones proactivas de esta naturaleza potenciarían también la ambición de crecimiento de nuestras mujeres emprendedoras. Solo el 13% esperan crear cinco puestos de trabajo en cinco años frente al 28,3% de las europeas y el 37,4% de las norteamericanas.

No cabe duda que políticas con esta visión ayudarían a apoyar los déficits con los que la mujer se enfrenta al mundo profesional, entre las que la falta de motivación al emprendimiento activo es una herencia cultural que nos lastra socialmente.

Otros ejemplos de este lastre para las mujeres: solo el 2,7% de sus actividades de emprendimiento se establecen en las tecnologías avanzadas de información y comunicación, el 40% de la actividad de los varones; su conectividad con el necesario emprendimiento innovador es solo del 24,6%, por debajo de las europeas (27,7%) y de las norteamericanas (40,4%).

Perdemos oportunidades por una cultura social heredada, cuyos matices de desigualdad de género, aunque suavizados, condicionan nuestra capacidad de crecer como sociedad. Necesitamos concienciación social y educación para cambiar. Concienciación social para romper las barreras detectadas que dificultan la labor profesional de la mujer y el libre desarrollo de sus capacidades. Educación para garantizar a la mujer una formación no condicionada por la inercia cultural y que propicie proactivamente su participación en entornos de menor presencia, como los científico-tecnológicos, e impulse sus valores como persona emprendedora y generadora de capacidades de innovación para sus entornos. Nuestra oportunidad empieza por valorar, recuperar y potenciar al máximo las capacidades de las mujeres.

Federico Gutiérrez-Solana Salcedo

Director del Centro Internacional Santander Emprendimiento, CISE

Presidente de la Red GEM España